Escrito en noviembre del año pasado (2004)
Jamás había pensado en esa posibilidad. Tan fuerte aparentaba, con sus cabellos cubriéndole la espalda y hombros; sus piernas delgadas casi como sus cabellos; su mirada perdida, eso sí. No obstante jamás pensó que podía llegar a producirse semejante temblor interno -corporal- al enfrentarse a él. Persona una vez idealizada por ella, quien nunca la comprendió o no quiso comprender su situación, o tuvo miedo de ser tanto, al menos en la psiquis de un otro. Pero ese día no supo que decir. Quizas hubiese preferido quedarse callada y contemplar la hermosura de aquel rostro; pero tuvo que disimular su alegría mezclada de impotencia y angustia, dado que debía moralmente hablando, reprimir sus pulsiones e instintos. Guardó todo dentro de su cuerpo: furia, ira, violencia, deseo, necesidad...y luego terminó por deshacer parte de su cuerpo.
No pudo mas que irse, no podía siquiera pensar en algo que decir; y además temía ser impulsiva y volver a cometer los errores que alguna vez creyó cometer. Ahora solo le queda el resto de su vida para contar cuantas veces mas lo va a ver. No olvidar que no pudo llorarlo ese mismo día, y a la noche murió ahogada en un río de su sueño.
Juana lo quiere a Juan, pero pasó su hora.

2 Comments:
me encanta, muchisimo. En serio q es un placer leerla...
habría que conocer esa persona, ese masculino el cual no diose cuenta la princesa que perdía en ese laberinto en el que se encontraba...quizás esa mirada perdida era el lamento anticipado de lo que sería
(estaría muy bueno saber siempre qué diría el otro)
Si supieras... Haciendo cuentas, veo que pasaron más de 6 años.
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